4. La sobrecarga mecánica, asociada con fracturas de estrés y con osteomas osteoides

4.1.- Publicaciones sorprendentes: OO en deportistas

4.2.- OO en militares

4.3.- Las incógnitas que persisten sobre la naturaleza neoplásica del Osteoma Osteoid

La sorpresa que nos ocasionaron esos dos casos, y el interés por buscar aclaraciones a las incógnitas no resueltas que seguían planteando los osteomas osteoides, nos llevó a buscar semejanzas y relaciones entre las fracturas de estrés y los supuestos tumores óseos descritos por Jaffe.

Revisando las historias de pacientes diagnosticados de OO en nuestro Hospital, encontramos en bastantes casos factores que se consideran causantes o favorecedores de las FdE (55): práctica habitual de actividades deportivas o baile, trabajos en posturas forzadas o realizando tareas repetitivas, diferencia de longitud de extremidades inferiores, niños hiperactivos… No podemos precisar más, porque en muchas historias clínicas falta el registro de esos datos, debido a que ante el diagnóstico de un tumor óseo no se consideraba que esos antecedentes pudieran tener importancia como agentes etiológicos.

Como ejemplo de esa especial relación que hemos encontrado en nuestros pacientes, referimos sucintamente 4 casos: 1) un panadero que amasaba repetidamente la harina presionando con la muñeca en hiperextensión, fue operado de un OO en el hueso grande del carpo; 2) una cajera de un comercio que estaba todo el día de pie, realizando giros pivotando todo su peso sobre la misma extremidad, desarrolló un OO en el cuello del fémur; 3) una mujer de 40 años que comenzó a entrenar para correr una marathón tuvo que interrumpir el deporte por el dolor que le ocasionaba un OO que apareció en su cadera; 4) una mujer joven que ensayaba y actuaba en un grupo musical desarrolló un OO en la falange media del dedo que más usaba al tocar la pandereta.

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4.1.- Publicaciones sorprendentes: OO en deportistas

Buscando OO aparecidos en deportistas, hemos encontrado en las publicaciones científicas algunos trabajos muy interesantes y significativos:

Ahlfeld (56), en su trabajo titulado “Osteoid osteoma of the femoral neck in the young athlete” refirió 5 casos de OO localizados en el cuello femoral, que fueron operados. Los 5 pacientes eran deportistas que hacían atletismo.

Schilero (57) presentó dos casos de deportistas, corredores de fondo, que tras una época de actividad deportiva intensa consultaron por dolor en las piernas. Clínicamente se sospechaban lesiones por sobrecarga (FdE), pero al realizar los estudios de imagen se encontró con sorpresa que ambos pacientes tenían Osteomas Osteoides.

Panni (58) refirió 3 casos de corredores que tuvieron OOs en el cuello del astrágalo. Rossi (59) describió el caso de un jugador de fútbol que presentó un OO en el calcáneo. Gisselbaek (60) el de una atleta de élite de 18 años a la que se le diagnosticó y operó un OO en el cuello del fémur. Chang (61) el de un jugador de baloncesto con un OO en el calcáneo. Lustig (62) refirió el caso de una mujer que practicaba ciclismo y presentó un OO en el fémur. Sakamoto (63) el de un luchador de Kendo que tuvo un OO en un 5º metatarsiano. Franceschi (64) el de una patinadora profesional con un OO en la rótula.

Los mencionados en los párrafos anteriores han sido osteomas osteoides localizados en huesos de extremidades inferiores, y en relación con la práctica de deportes que sobrecargan esa región anatómica. Los que vienen a continuación son osteomas osteides que surgieron en otras localizaciones distintas de las extremidades inferiores, y podemos fijarnos en que los deportes practicados son diferentes a los anteriores:

Lepore (65) describió el caso de un deportista olímpico de lucha libre al que se le diagnosticó un OO en la clavícula. En los casos clínicos del Centro Médico Ganga (66) se presentó el de una campeona de natación, de 22 años, con dolor lumbar desde hacía 2 años, que tenía un OO en el arco posterior de la vértebra L5. Sanchís-Alfonso (67) publicó el caso de un jugador de tenis que desarrolló un OO en el húmero distal. Themistocleous (68) presentó un caso similar (caso nº 4 de su trabajo), en el que durante 8 meses se consideró que se trataba de un codo de tenista, y al final se diagnosticó y se curó con cirugía un OO localizado en el epicóndilo lateral. Neira (69) refirió el caso de un jugador de golf, diagnosticado de tendinitis crónica en el codo, que tenía en realidad un OO en el cúbito proximal. Laffosse (70) presentó un OO aparecido en el carpo en un luchador de artes marciales.

Muchas más publicaciones refieren específicamente casos de OO aparecidos en deportistas (71,72,73,74,75,76,77). También en otras publicaciones, o en series de casos de OO, se citan sin darle importancia casos aparecidos en pacientes que eran deportistas (78,79,80), incluso profesionales (54), pero nunca se planteó la relación de la actividad física con la aparición de un OO. Como excepción, sí que hemos encontrado algún autor que ha postulado que los micro-traumatismos repetitivos podrían facilitar el desarrollo del tumor, como Rochwerger (75). E incluso Curvale (81) y Gayet (82) sugirieron que los factores microtraumáticos podían ser esenciales en la etiopatogenia del OO. Pero nadie continuó profundizando en esa dirección.

Una reciente publicación ilustra de manera clara la relación existente entre actividad deportiva específica y aparición de un OO en la zona esquelética que soporta la sobrecarga mecánica, aunque los autores del trabajo no repararon en esa asociación. Con el título de “Osteoid osteoma mimicking overuse síndromes in athletes” (83), Giombini y cols. describen 5 casos de atletas que fueron diagnosticados de OO; tres de ellos eran profesionales del soccer (fútbol), y sus OO se localizaron en fémur, astrágalo y tibia; pero los otros dos deportistas tuvieron sus OO en el húmero proximal y en el húmero distal, siendo practicantes de deportes que sobrecargan las extremidades superiores: voleyball y boxeo.

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4.2.- OO en militares

La actividad militar también se asocia clásicamente con la aparición de FdE, y nos planteamos que pudiera tenerla con los OO. Buscando esas relaciones en la literatura científica, encontramos bastantes publicaciones de OO aparecidos en pacientes durante su Servicio Militar (84,85,86,87,88,89,90,91,92,93,94).

Kallio (95) describió el caso de un militar de 20 años al que se le diagnosticó una típica fractura de marcha en el segundo metatarsiano. A pesar del tratamiento conservador, consiguiendo alivio con reposo y aspirina, el dolor persistía. Meses después se diagnosticó un OO en la misma localización donde tenía la FdE, OO que requirió tratamiento quirúrgico para su curación.

Pero sin duda la publicación más sorprendente a este respecto es la de Bisbinas (96), que presentó una serie de 38 pacientes, de entre 19 y 30 años, todos ellos militares profesionales de la Academia Militar Griega, que fueron diagnosticados de Osteoma Osteoide entre 1995 y 2001. Treinta y siete fueron operados con cirugía abierta, y se confirmó el diagnóstico de OO histológicamente. Los autores no hacen comentarios sobre esa extraña “epidemia” de OO en militares, pero afirman que todos estaban expuestos a actividades físicas muy exigentes.

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4.3.- Las incógnitas que persisten sobre la naturaleza neoplásica del Osteoma Osteoide

Si el OO es un proceso neoplásico, seguimos sin saber por qué mantiene crónicamente el mismo tamaño, y por qué tiene una histología tan homogénea. Y no entendemos por qué a veces la lesión, supuestamente tumoral, desaparece en unos años sin dejar rastro. Tampoco sabemos por qué duele tanto. Otras peculiaridades no explicadas todavía son la aparición de varios OO en un mismo paciente, las descripciones de OO bilaterales simétricos, y el hecho de que se diagnostiquen recidivas locales de OO años después de una curación conseguida con extirpación quirúrgica completa. Podemos remarcar que la teoría de Jaffe, que considera que el OO tiene una etiología neoplásica, no consigue explicar estos hechos.

Hemos visto en los apartados anteriores cómo pacientes sometidos a cargas mecánicas repetidas, como los deportistas y los militares, en los que cabría esperar la aparición de una fractura de estrés, acababan teniendo un OO. En base a esta asociación, nos podemos hacer la siguiente pregunta: ¿podrían los osteomas osteoides tener el mismo origen que las fracturas de estrés?