7. Curación de OO con extirpación incompleta

Ahora podemos pensar, con las ideas de la nueva teoría que estamos desarrollando aquí, que en el caso del OO no hay riesgo de recidiva tumoral, porque el OO no es un tumor y no tiene ninguna célula neoplásica.

La persistencia de un OO tras un tratamiento quirúrgico (142,237) se produce cuando en la resección o curetaje (29), o en el procedimiento de Radiofrecuencia o tratamiento similar (19), no se llega al nidus, sino que se actúa por error en el hueso escleroso reactivo peri-lesional: el dolor persiste, y en los controles postoperatorios se sigue viendo el nidus (39,142,416,417).

En su publicación de 1951 Dockerty (418) analiza 20 casos de OO, dos de los cuales tuvieron que ser operados por segunda vez, y admite que en la primera cirugía sólo se había resecado hueso esclerótico y no se había tocado el nidus.

Woertler (419) estudió 15 casos de OO tratados con cirugía abierta sin éxito: realizó estudios con TAC en todos ellos y pudo observar el nidus indemne, comprobando que el hueso extirpado en la cirugía fallida correspondía a esclerosis perilesional.

Hasta la fecha se mantiene y se repite la idea, preconizada por Jaffe, de que para curar un OO y evitar la recidiva hay que extirpar completamente el nidus (3,39). Y sin embargo sabemos, y hay experiencias abundantes al respecto, que realizando resecciones quirúrgicas incompletas, dejando restos del nidus en el hueso afecto, se consigue la curación del OO. Este hecho es un importante escollo para la hasta ahora vigente teoría tumoral.

El mismo Jaffe refiere un caso donde tras la operación comprobó histológica y radiológicamente que había realizado una resección incompleta de un OO del cuello del fémur; pero sin embargo desaparecieron los síntomas. Cuando ya se había considerado curado,12 meses después, reapareció el dolor y volvió a verse un nuevo nidus, que fue reoperado (419,420). Sabemos ahora que este segundo OO no fue realmente una recidiva, sino un nuevo OO originado en el mismo sitio debido a la repetición de sobrecargas mecánicas.

Lichtenstein, colaborador de Jaffe, presentó en 1956 un caso de un gran OO curado con una extirpación parcial del nidus (421).

El hecho de que se consiguen curaciones completas y definitivas de OO con resecciones incompletas fue corroborado por Jackson en 1977 (41): después de revisar 851 osteomas osteoides tratados quirúrgicamente, afirmó que “a pesar de excisiones aparentemente incompletas, se alcanza la curación en la mayoría de los casos”. Esta realidad fue también afirmada, entre otros, por Caroll (422), Capanna (423), Huvos (33) y Sans (424).

Este hecho, inexplicable desde el punto de vista tumoral, se explica con la nueva teoría traumática: aunque no se reseque completamente el nidus, al curetearlo o fresarlo parcialmente se abre o se rompe la esfera que mantiene cronificada la lesión, precipitándose entonces el proceso reparativo de consolidación fracturaria.

Por eso se obtienen altos porcentajes de curaciones de OO con técnicas de fresado percutáneo, que sólo destruyen la estructura del nidus (46,48,425), sin extirpar las supuestas células neoplásicas. Se han hecho tratamientos fresando el OO a través de un túnel hecho en el hueso con brocas de 6 mm o menos, sin que aparezcan recidivas (426,427,428). Incluso se han descrito grandes osteomas osteoides (de más de 2 cm de diámetro) curados con un fresado realizado con una broca de 8 mm (429).

Lo mismo puede decirse de los casos tratados con técnicas percutáneas, como la Radiofrecuencia (RF): el electrodo que, guiado por TAC, se hace llegar al OO, no siempre queda situado en el centro del nidus, por lo que en muchas ocasiones la necrosis ocasionada no afecta a todas las células del supuesto tumor (430) que, sin embargo, tras ser “quemado” parcialmente, deja de doler y cura radiológica e histológicamente (46,48,431). Se ha comprobado que los fracasos en el tratamiento de los OO con RF se deben a errores técnicos, sobre todo por colocación del electrodo lejos del nidus (432), con lo que sólo se necrosa hueso escleroso perilesional.

La clave para curar un OO está en abrir la esfera lo suficiente como para que termine el proceso de consolidación: si rompemos o fracturamos un OO podemos provocar su curación. Esto ocurrió, curiosamente, en el caso descrito por Rajkumar en su trabajo titulado “Fracture occurring through osteoid osteoma” (433): un chico de 14 años tenía un OO típico, localizado en su tibia, que le hacía sufrir dolor severo por las noches desde hacía más de un año. Estando anotado en la lista de espera para operar esa lesión, sufrió un traumatismo jugando al fútbol y se produjo una fractura de esa tibia, cuyo foco pasaba a través del OO. Fue tratado conservadoramente, con yeso. Y no sólo curó la fractura, sino que también curó el OO y desapareció.

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7.1.- Tratamiento de OO con perforaciones

Basándonos en esas ideas, hemos tratado personalmente un OO localizado en una falange de la mano, realizando múltiples perforaciones tipo Pridie (434), sin resecar ni necrosar el supuesto tejido tumoral, consiguiendo la curación. (Figura 6).

Fig. 6: Tratamiento con perforaciones de un Osteoma Osteoide en una falange en una mujer de 31 años, que llevaba un año sintomática. El dolor se inició poco después de un traumatismo, duró más de una año, y desapareció días después del procedimiento quirúrgico, y posteriormente se remodeló la lesión. (Ver texto).

Osteoid Osteoma Fig. 6A: Gammagrafía ósea de la lesión: osteoma osteoide.

Osteoid Osteoma
Fig. 6B: Tratamiento del OO con perforaciones de Pridie, bajo anestesia local, consiguiéndose la curación.


Curiosamente, el método de las perforaciones también ha sido utilizado para tratar fracturas de estrés de lenta evolución (435).

Hemos tratado también un OO localizado en el radio distal realizando conscientemente una resección incompleta del nidus, de sólo la mitad de la esfera osteoide, consiguiendo también alivio inmediato del dolor y curación radiológica subsiguiente, con remodelación de la lesión residual. (Figura 7).

Fig. 7: Tratamiento de Osteoma Osteoide de radio distal postraumático (paciente de 25 años que sufrió un martillazo accidental en la muñeca), con dolor incapacitante durante un año y medio. Se realizó resección parcial del nidus asociado a varias perforaciones. A pesar de dejar voluntariamente tejido del nidus in situ, el dolor desapareció, y la lesión remodeló totalmente en unos meses.

Osteoid Osteoma Fig. 7A: Imagen de TAC de la lesión, en el borde externo del radio distal.

Osteoid Osteoma Fig. 7B: Imagen del procedimiento quirúrgico: se separan los tendones de la primera corredera, se abre la pared externa del osteoma osteoide (periostio y cortical fina), y se realizan las perforaciones, en el nidus y en el reborde escleroso. Se consiguió curación completa, con desaparición del dolor ya en el postoperatorio.

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